5 maneras en que los hombres modernos son entrenados para odiar a las mujeres

El siguiente texto es una traducción del artículo de David Wong titulado “5 Ways Modern Men Are Trained to Hate Women”  Nótese que la fecha de publicación es bastante reciente. El sexismo no es cosa del pasado.

Para muchos el título de este artículo les puede sorprender, porque tendemos a pensar en el machismo como en ser despectivos con la mujer o pagarles un salario inferior. Pero no es solo eso, las pruebas de que los hombres son entrenados desde pequeños para odiar a las mujeres son mucho mas sutiles:

1. Nos convencieron que merecíamos una chica hermosa

Desde niños nos enseñaron que merecíamos y que eventualmente tendríamos una chica hermosa. Y tomen en cuenta que lo que nos programan de chicos es muy difícil desprogramar como adultos.
Nos enseñaron esto en cada película, programa de TV, libro, cómic o videojuego. Cuando el Karate Kid gana el torneo sus premios son el trofeo y Elisabeth Shue. Neo salva al mundo y se gana a Trinity. Shia LaBeouf se gana a Megan Fox en Transformers, el héroe en Avatar se queda con la guapa Na’vi, etc.

En cada caso el hecho que la chica y el chico no fueran compatibles, o que ella tuviera novio o pretendientes más atractivos o muchos otros factores no importaron. Si el “héroe” cumple con sus metas, se le premia con su mujer predilecta, independientemente de los sueños, metas o planes de ella.
Claro, harán como que ella tiene dudas y está indecisa y según esto toma su propia decisión, pero como espectadores, sabemos que la chica TIENE que quedarse con el “héroe”. Porque sólo así puede ser, sólo así tiene sentido.

Y ahí está el problema porque todos nos creemos el héroe de nuestra propia historia. Y todos (lo admitamos o no) nos sentimos como héroes sólo por haber sobrevivido el día.
Así que se vuelve frustrante al punto de odiarlas cuando no obtenemos lo que nos “merecemos”. El contrato se ha roto. Y estas mujeres al tener elecciones propias se nos niegan. Y afrontamos tal rechazo con la misma madurez que la de un niño a la que le niegan un juguete.

Es cuando recurrimos a adjetivos tales como “zorra o “perra”. No es que nos disguste que las mujeres disfruten el sexo. Nos disgusta que lo distribuyan con otras personas cuando nos lo DEBEN a nosotros. Porque nosotros nos MERECEMOS una mujer HERMOSA de NUESTRA ELECCIÓN, independientemente de lo que ella quiera, lo que está ligado al siguiente punto:

2. Nos han entrenado a verlas como mera decoración

Con los hombres hay ocasiones en las que su apariencia no importa. Con las mujeres SIEMPRE importa. Incluso en situaciones, como en el ámbito laboral donde debería ser lo menos relevante, los comentarios que una mujer recibe antes que cualquier cosa, son sobre su aspecto.

En una película o una serie de televisión, el protagonista hombre puede ser gordo, feo, nerd, perdedor, viejo o todo lo anterior pero la protagonista mujer siempre es atractiva. Y en las pocas ocasiones en que la protagonista no es atractiva la historia se centra en lo fea que es. Ésa es la parte central e importante de la historia: la fealdad de la protagonista.
El rol de la mujer en la sociedad es doble: como persona y como decoración. Nos enseñaron que es obligación de la mujer ser atractiva.

Y nos enojamos si no cumple con su deber. Para ejemplificar esto, simplemente busquen en google “subió de peso” y el 90% de los resultados que arroja se trata de celebridades femeninas y los comentarios que la gente pone en esos artículos suelen ser denigrantes y muy ofensivos.
Si se trata de un hombre la gente se burla de su gordura, si se trata de una mujer la gente SE ENOJA.
Ellas nos deben ser bonitas, es el contrato social que hemos entendido que las mujeres tienen desde que éramos bebés.
Es una situación donde nadie gana. Te odiamos si eres fea, y si eres bonita entonces…

3. Pensamos que conspiras con nuestros penes para arruinarnos.

Primeramente hay que entender un poco la relación amor/ odio que los hombres tienen con sus penes. Y es que aunque los hombres adoran el sexo odian no poder controlar sus deseos. Y es porque es más común en los hombres que en las mujeres que la parte sexual está completamente separada del resto de su personalidad.
La parte del cerebro masculino que se preocupa por seguridad financiera, legal o social no tiene poder sobre el impulso sexual, que suele ganar. Si has oído a hombres decir que “estaban pensando con el pene” a esto es a lo que se refieren.

La ciencia aún no entiende totalmente porqué la parte del cerebro que controla los deseos sexuales masculinos reacciona diferente al de las mujeres, pero el punto es que no pueden evitar sentirse excitados con una mujer bella, incluso si la conocen en el funeral de su abuela. (Que actúen en base a esos impulsos es otra cosa, pero la idea de sexo en su mente, siempre estará ahí)
Y lo que sucede es que si tenemos una erección en un funeral por una chica con un amplio escote, NOS ENOJAMOS CON LA CHICA. Porque la parte racional de nuestro cerebro nos dice que no es el tiempo ni el lugar para eso, así que la chica tiene la culpa por provocarnos. Es una malvada, una conspiradora, una manipuladora que quiere jodernos.
‘Ella se lo buscó’ es una “excusa” patética común de las violaciones.

Pero ni siquiera esto es lo que más nos enseñan a odiar de las mujeres, sino…

4. Pensamos que nuestra masculinidad nos está siendo robada

Casi cualquier hombre puede recordar la primera vez que se metió en problemas por pegarle a alguien, prenderle fuego a algo u orinar en público. Y nos ponemos nostálgicos cuando vemos películas como 300, donde todo mundo grita y se pelea con espadas y cortan cabezas.
Pensamos en la idea de que el mundo fue así alguna vez y que los impulsos de golpear y gritar y matar no tan solo eran permitidos, sino celebrados.

Y en algún momento, las mujeres nos quitaron esa gloria.

El genial mundo donde alguna vez hubo héroes y guerreros y peleas y a las mujeres simplemente se les TOMABA, ha sido reemplazado con uno donde hay supervisores femeninos viendo las pantallas de nuestros monitores en la oficina frunciendo el ceño ante los chistes subidos de tono, ofendiéndose ante las leves insinuaciones sexuales y enojándose si nos enfrascamos en un juego rudo con algún compañero.

El resultado es frustración y humillación y queremos regresar a ese mundo ideal de la única manera que sabemos: haciendo actos inmaduros de vileza porque…

5. Nos sentimos sin poder

¿Se acuerdan de las caricaturas donde uno de los personajes está hambriento y en cierto puento empieza a ver a su compañero como si fuera comida? Es así con los hombres la mayor parte del tiempo. Estamos hambrientos y las mujeres son diferentes tipos de comida. Solo que en lugar de comida, es sexo.
Y tratamos de llevar una vida “normal” y digamos, sacar una licencia de conducir pero en lugar de hablarle a la dependienta, le hablamos a dos senos gigantes que hablan.
Y desde los 13 a los 90 años, el 90% de nuestra energía está canalizada a tratar de contorlar esto y comportarnos como seres humanos civilizados y no como perros en un mercado.

Los carros, los edificios, los trabajos bien remunerados, los deportes, el poder. Todos son una canalización de energía.
Y el punto aquí es que no importa cuánta dominación masculina o control o privilegios los hombres tengan. Las podemos obligar a vestirse de pies a cabeza, a que abandonen los lugares de trabajo, forzarlas a una vida confinada dentro de 4 paredes. No importa. De cualquier manera ustedes son en TODO lo que pensamos y eso les da mucho poder sobre nosotros. Y detestamos eso, más que cualquier cosa.

Nadie quiere ser usado (Osho)

¿Por qué a las mujeres les gusta mostrarse atractivas cuando, al mismo tiempo, rechazan el deseo sexual del hombre?
En esto existe una estrategia política; a la mujer le gusta ser atractiva porque eso le da poder. Cuanto más atractiva es, más poder tiene sobre el hombre. Y ¿a quién no le gusta ser poderoso? Es por el poder por lo que la gente lucha toda la vida.

¿Por qué deseas el dinero? Porque el dinero te da poder. ¿Por qué ambicionas llegar a ser el Primer Ministro o el Presidente de una Nación? Porque te da poder.

La gente va en busca del poder por distintos caminos y a la mujer no se le ha dejado ninguna otra fuente de poderío, mas que su propio cuerpo. Es por esto que la preocupación constante de la mujer es ser cada vez más atractiva.
El hombre nunca se ha preocupado por verse atractivo. ¿Por qué? Porque esto se lo dejó enteramente a la mujer. Para la mujer, el ser atractiva ha sido su única forma de obtener algo de poder. Y como para el hombre han existido tantas otras fuentes de poder, el ser atractivo, le ha parecido un poco afeminado, marica. Eso es sólo para las mujeres. Esto no ha sido siempre así.

En el pasado hubo un tiempo en el que la mujer fue tan libre como el hombre. Y entonces, el hombre sí estuvo interesado en ser tan atractivo como la mujer. Observa a Krishna, sus cuadros con hermosas ropas de seda, con toda clase de adornos, con una flauta, aros en las orejas y con una linda corona de plumas de pavo real. Obsérvalo; ¡y se ve tan hermoso! Y esa fue la época en la que tanto el hombre como la mujer eran absolutamente libres para hacer lo que quisieran.

De pronto, llegó una muy larga y oscura noche en que la mujer fue reprimida. Los curas y los tan ponderados santos fueron los causantes. Tus santos siempre han estado temerosos de la mujer, porque la mujer se ve tan poderosa que puede destruir la santidad del santo en pocos minutos… A causa de estos santos la mujer fue condenada. Tenían miedo de la mujer: y debía ser reprimida. Y al reprimir a la mujer, todas las fuentes de bienestar en la vida, de fluidez, fueron también eliminadas.

La mujer sólo mantiene su poder cuando se coloca delante de ti, como un espejismo, nunca disponible y siempre asequible, tan cerca y tan distante. Sólo entonces es poderosa; y si de pronto cae en tu regazo, todo su poder se terminó. Y una vez que has explotado su sexualidad, una vez que la has usado está perdida, ya no tiene poder sobre ti.
Por esto te atrae y se mantiene distante. Te atrae, te provoca, te seduce, y cuando te acercas a ella, simplemente te dice no.

Esto es simple lógica. Si ella te dice sí, la reduces a un mecanismo; la usas. Nadie quiere ser usado. Este es el otro lado de la misma política de poder.

Ninguna mujer quiere ser usada. Y has estado haciéndolo durante años. El amor se ha convertido en algo muy feo. Debería ser lo más glorioso, pero no lo es; por que el hombre ha estado usando a la mujer y la mujer está resentida, y naturalmente se resiste. No quiere ser reducida a un objeto. Las mujeres continúan pretendiendo que no están interesadas en el sexo, en este sucio sexo, pero tienen tanto interés como tu, sólo que su problema es que no pueden demostrarlo por que de inmediato tú las dejas sin poder y empiezas a usarlas.

Philosophia perenis de Osho

Volumen IV, capítulo 4, 1981

El impulso del cerebro bilingüe: Dos lenguas, dos mentes

Hablar un segundo idioma puede cambiarlo todo, desde la resolución de problemas de habilidades hasta la personalidad, casi como si se tratara de dos personas.

Según algunos estudios, los recuerdos, valores, incluso la personalidad, cambian en función del idioma que se habla. Es casi como si un cerebro bilingüe fuese el hogar de dos mentes separadas. Todo lo cual pone de relieve el papel fundamental del lenguaje en el pensamiento humano. “El bilingüismo es como un microscopio extraordinario del cerebro humano”, dice la neurocientífica Laura Ann Petitto, de la Universidad de Gallaudet en Washington DC.

Además de dar a los bilingües una ventaja competitiiva en los ámbitos académicos y laborales, hablar un segundo idioma puede tener un efecto profundo en el comportamiento. Los neurocientíficos y psicólogos están empezando a aceptar que el lenguaje está profundamente entrelazado con el pensamiento y el razonamiento, llevando a algunos a preguntarse si las personas bilingües actúan de manera diferente, dependiendo de en qué idioma están hablando.

Susan Ervin-Tripp, ahora en la Universidad de California, Berkeley, encontró una manera objetiva de estudiar la cuestión en la década de 1960, cuando ella les pidió a unos bilingües japonés-inglés que completaran un conjunto de frases inacabadas en dos sesiones separadas, primero en un lenguaje y luego en el otro. Descubrió que sus voluntarios usaban regularmente terminaciones muy diferentes según el idioma empleado. Por ejemplo, dada la frase: “Los buenos amigos deberían …” usando el japonés respondían “… ayudarse unos a otros”; sin embargo, utilizando el inglés optaba por “… ser más francos”. En general, las respuestas parecían reflejar la forma en que los monolingües de ambos idiomas tienden a completar la tarea. Los hallazgos llevaron a Ervin-Tripp a sugerir que las personas bilingües utilizan dos canales mentales, uno para cada idioma, como dos mentes diferentes.

Su teoría parece encontrar apoyo en una serie de estudios recientes. David Luna, del Baruch College en Nueva York y sus colegas, por ejemplo, ha pedido recientemente a voluntarios bilingües de inglés-español que vean anuncios de televisión presentando a mujeres, primero en un idioma, y seis meses más tarde, en el otro, y después debían calificar las personalidades de cada personaje implicado. Cuando los voluntarios veían los anuncios en español, tendían a votar a las mujeres como independientes y extrovertidas, pero cuando lo veían en inglés describían a los mismos personajes tan inútiles y dependientes (Journal of Consumer Research, vol 35, p 279). Otro estudio descubrió que los bilingües de griego-inglés reportaron reacciones emocionales muy distintas a la misma historia en función de la lengua, ellos mismos encontraban “indiferente” al personaje en un idioma, sin embargo, lo sentían “preocupado” en el otro (Journal of Multilingual and Multicultural Development, vol 25, p 124).

Una posible explicación es que cada idioma trae a la mente los valores de la cultura que experimentamos mientras lo aprendemos, arguye Nairán Ramírez-Esparza, psicólogo de la Universidad de Washington, en Seattle. Recientemente, ella les pidió a unos mexicanos bilingües que calificaran su personalidad en unos cuestionarios en inglés y en español. La modestia es un valor más alto en México que en EE.UU., donde el respeto se gana por tu asertividad, y el lenguaje de las preguntas parecían disparar estas diferencias. Cuando era preguntado en español, cada voluntario era más humilde en su respuesta que cuando en preguntado en inglés.

Algunos de los interruptores de comportamiento puede estar íntimamente relacionado con el papel del lenguaje, como una especie de andamio que soporta y estructura nuestros recuerdos. Muchos estudios han encontrado que somos más propensos a recordar un objeto si se conoce su nombre, lo cual explica por qué tenemos tan pocos recuerdos de nuestra primera infancia. Existen incluso algunos indicios de que la gramática de una lengua puede dar forma a la memoria. Lera Boroditsky, en la universidad de Stanford, en California, ha descubierto hace poco que los hispanohablantes son peores a la hora de recordar que causó un accidente que los angloparlantes, quizá sea porque los hispanohablantes tienden a usar frases impersonales, como “el florero se rompió” donde no declaran la persona que hay detrás del caso (Psychonomic Bulletin Review, vol 18, p 150).

El resultado apunta a que los recuerdos de una persona bilingüe cambian dependiendo del idioma que se habla. En un brillante pero sencillo experimento, Marian y Margarita Kaushanskaya, entonces en la Universidad Northwestern, hicieron preguntas a bilingües de mandarín-inglés de conocimiento general, primero en un idioma y luego en otro. Por ejemplo, se les pidió que “nombraran una estatua de alguien de pié con un brazo levantado mientras mira en la distancia”. Hallaron que las personas eran más propensas a recordar la Estatua de la Libertad cuando se le preguntaba en inglés, y una estatua de Mao cuando se le preguntaba en mandarín (Psychonomic Bulletin & Review, p 14, vol 925). Lo mismo parece ocurrir cuando los bilingües evocan recuerdos personales, autobiográficos. “Así que los recuerdos de la infancia vienen más rápido y más a menudo, cuando se restablece el idioma”, señala Marian.

A pesar de los recientes progresos, los investigadores sólo pueden ver la punta del iceberg cuando se trata de los efectos del bilingüismo, y quedan muchas preguntas. La principal de ellas será la cuestión de si una persona monolingüe podría sacar provecho de estos beneficios. Si es así, ¿qué mejor incentivo para reforzar la enseñanza de idiomas en las escuelas, que precisamente está decayendo en Reino Unido y EE.UU.

Mucho se ha hablado de las dificultades de aprender un nuevo idioma de forma tardía en la vida, pero las evidencias hasta la fecha sugieren que el esfuerzo vale la pena. “Se puede aprender otro idioma a cualquier edad, aprenderlo con fluidez, y podrá comprobar los beneficios en su sistema cognitivo”, declara Marian. Bialystok está de acuerdo en que los aprendices tardíos de algún idioma obtienen su ventaja, aunque el aumento de rendimiento es generalmente menos pronunciado que en los hablantes bilingües. “Aprender un idioma a cualquier edad, no significa ser bilingüe, pero ayuda a permanecer mentalmente estimulado”, apunta. “Es una fuente de reserva cognitiva”.

– Referencia: NewScientist.com, 8 de mayo 2012 por Catherine de Lange
– Título original: ” Bilingual brain boost: Two tongues, two minds“

Psicología de la afición taurina: sádicos, narcisistas, con complejo de inferioridad y tendencias homosexuales

Existen muy pocos trabajos publicados sobre la tauromaquia en la literatura psicoanalítica. En uno de ellos, de Winslow Hunt (1955), se puede leer: “Es sorprendente que una institución tan dramática y anacrónica no haya despertado más el interés de los psicoanalistas”. La escasa atención prestada por el psicoanálisis a esta espectacular manifestación cultural ha sido atribuida a la influencia del prejuicio.

El psicoanalista Martin Grotjahn (1959) sostenía: “Los aspectos horribles de la tauromaquia anulan el interés que posee la simbolización inherente a su ritual. Quizás esto explique la escasez de los intentos analíticos de interpretación de la fiesta”.

La historia de la tauromaquia proporciona un buen campo para el estudio de las transacciones psicológicas relativas a la tolerancia y la crueldad. La evolución del reglamento de nuestra fiesta nacional refleja el intento de llegar a distintos compromisos entre las inclinaciones sádicas de la afición y la cambiante sensibilidad de la sociedad con respecto a los espectáculos sangrientos.
Se calcula que unos sesenta millones de personas en todo el mundo son espectadores de festejos taurinos. La afición a la tauromaquia es debida a que proporciona un marco único para el desahogo y la proyección de pulsiones instintivas reprimidas. Claramente, su atractivo central es el de la gratificación inconsciente de las pulsiones sádicas. El dolor y la muerte del toro se dan por supuestos. En la mente de toda la afición está el hecho de que pueden correr la misma suerte los caballos y, por supuesto, los toreros.

En efecto, cada vez que un toro se arranca, el aficionado experimenta dos deseos en conflicto: que el torero sea cogido y que el lance no tenga consecuencias sangrientas. Sólo el último suele ser consciente.
Estos deseos contrapuestos satisfacen en el espectador dos instancias psíquicas diferentes: el Ello de los instintos y el Superyó de la conciencia. En efecto, el torero es objeto de la proyección de instintos y deseos contrapuestos. Los condicionamientos históricos de esta ambivalencia dictan las preferencias con respecto a las prácticas taurinas. El público que asiste a una corrida pide al torero que se acerque a los cuernos mortíferos del animal, pero, simultáneamente —no en vez de, como suele pensarse— no quiere presenciar una desgracia.

La mayoría de los espectadores de una corrida de toros rechazaría la idea de que van a los toros con fines cruentos. Tampoco aceptarían que su propósito era contemplar el sufrimiento y la muerte de los animales.
Más aún repugnaría a los espectadores la idea de que habían acudido para presenciar una cogida y estarían parcialmente en lo cierto, porque, desde luego, no es ésta su única motivación. Aducirían argumentos conscientes y más presentables al Superyó, como el estético. La mayor parte de los aficionados argüiría sencillamente, que la tauromaquia es una fiesta sin par en el mundo, un espectáculo emocionante y hermoso en el que se demuestra la bizarría, el arte y la inteligencia de un hombre ante una bestia brava. Aunque comprensible, toda esta argumentación es adicional y no sustitutiva del sadismo inherente a la tauromaquia.

Cuando los asistentes a una corrida dicen que padecen con el sufrimiento y se alarman si el diestro resulta herido por el toro, no son conscientes de que estos sentimientos son reactivos a sus ocultos deseos sádicos.
Existen ingeniosas racionalizaciones para justificar el cruel espectáculo de la tauromaquia. Por ejemplo, se recuerda que el toro intenta matar al torero, como si el animal hubiese elegido ir a la plaza con esa intención.

¿fomenta la tauromaquia el sadismo de la afición, o más bien lo canaliza dentro de un marco estético?

La cuestión a dilucidar sería la de si la aceptación social del espectáculo de los toros promueve la expresión sádica de unos instintos agresivos que podían haberse sublimado por derroteros socialmente más útiles; o si, por el contrario, neutraliza su potencial destructivo por medio de la descarga parcial de dichos instintos. Después de todo, hoy día el aficionado se limita a tener fantasías asesinas, a vociferar y, como mucho, a tirar almohadillas. La respuesta a esta pregunta es, con toda seguridad, que la fiesta de los toros lleva a cabo ambos cometidos psicológicamente contradictorios en el espectador.

Para la afición es importante saber que el toro tiene una oportunidad de matar a su matador, que no se trata de una caza. El igualamiento de las fuerzas posibilitado por el toreo a pie que, en su día, hizo de la lidia un oficio popular al facilitar las identificaciones de la mayoría con el torero, añadió un atractivo crucial a la tauromaquia. Si el lidiador arriesga poco, el equilibrio se rompe. Cuando el picador se ensaña con el animal o cuando el espada mata torpemente, la afición se enfada. Lo que se percibe como abuso del animal despierta sentimientos de culpabilidad asociados a fantasías sádicas reprimidas.

Existe también la identificación con la actitud exhibicionista del diestro. En efecto, una de las dinámicas más importantes en la organización mental del torero es la de la gratificación narcisista.
El colorido de las corridas, el atuendo de los toreros, las diversas suertes, la misma plaza, proporcionan un escenario especialmente apropiado para el despliegue y la gratificación del exhibicionismo y la autogratificación. Los sueños de esplendor e inmortalidad sirven, a su vez, para contrarrestar sentimientos pretéritos de inferioridad.

Cuando el torero se siente muy apremiado a obtener una sensación de grandiosidad en el ruedo, o cuando necesita la aclamación de la afición a cualquier precio, se verá impulsado a poner su vida en un peligro mayor de lo que le aconsejaría su sentido común.
Cuando la plaza vibra con el matador, participa por unos instantes de esa exaltación ego céntrica que constituye, en realidad, la regresión al gozoso sentimiento de la omnipotencia exhibicionista de la infancia. Pero esa reacción emocional tiene poco que ver con un afecto verdadero hacia el torero. Éste sabe, o la experiencia le hace aprenderlo pronto, que el fervor de la afición de una tarde puede trocarse en animadversión a la siguiente o, peor aún, en indiferencia. Muchas figuras del toreo han temido más al ocaso de su popularidad que a las mismas cornadas.

La posición privilegiada del torero de cartel —dinero y fama en la juventud— inspira admiración, pero también envidia, inevitable cara de la misma moneda. Es común que el espectador intente compensar este doloroso sentimiento, que denota inferioridad y, además, es censurable para la conciencia, por medio del de superioridad. Así, se erige en juez de lo que pasa en el ruedo, hace exigencias al torero y se arroga la prerrogativa de la aprobación o el insulto.

No es ajeno a la torería tampoco el fenómeno que los psicoanalistas conocemos como la erotización del peligro, en el que se funden las respuestas psicofisiológicas ante el miedo con la excitación sexual.
Además de las obvias implicaciones heterosexuales de estos testimonios, hay que tener en cuenta que, a un nivel más profundo, la tauromaquia puede tener significados homosexuales inconscientes. Después de todo, los protagonistas en la arena son machos flagrantes, salvo en los pocos casos de mujeres toreras.

Hay un escalofriante pasaje de la novela de ese gran aficionado que fue Ernest Hemingway (1960), The Dangerous Summer, en que se narra una cogida de Ordóñez. El relato del percance evoca un coito sádico homosexual: “Al recibir al toro por detrás […] el cuerno derecho se clavó en la nalga izquierda de Antonio. No hay un sitio menos romántico ni más peligroso para ser cogido […] Vi cómo se introducía el cuerno en Antonio, levantándolo […], la herida en el glúteo tenía seis pulgadas. El cuerno le había penetrado junto al recto rasgándole los músculos”.

En tono menos dramático podemos recapacitar sobre el hecho de que el toro vigoroso puede verse como representante de la virilidad, mientras que la fragilidad del hombre puede interpretarse como femenina (Frank, 1926). En realidad, el precioso y ajustado traje de luces, la coleta, los andares retrecheros y la actitud de exhibición han sido, en nuestra cultura, más propios de la mujer. Viene a la memoria la letra de otra zarzuela cómica, La corría de toros de Antonio Paso, en que se comenta de un torero:

“Miré usté qué hechuras. / Mi’usté qué posturas. / Mire usté qué facha de perfil. / Un torero más bonito y más plantao / No lo encuentro ni buscao / Con un candil. / Mire usté qué tufos, / Mi’usté qué coleta, / Mire usté qué glúteo tan marcao…”.

El psiquiatra Fernando Claramunt (1989) ha escrito sobre la psicogénesis y la psicopatología de las cogidas. En algunas ocasiones los toreros expresan abiertamente en la conducta, e incluso verbalmente, sus tendencias autodestructivas. El toreo de Belmonte fue considerado suicida por gran parte de la afición. Mucha gente iba a verle creyendo que serían testigos de su última corrida. Durante años Belmonte pensó obsesivamente en el suicidio y de viejo se quitó la vida.

En algunas cogidas autoinducidas o semiprovocadas puede discernirse también la dinámica de la venganza contra una afición —parental— sádica. El sacrificio masoquista del torero tendría como finalidad punitiva causar o fomentar en aquélla la culpabilidad. A este respecto, en un artículo con el título El placer de ser cogido, D. Harlap (1990) explicó elocuentemente la existencia de esta motivación en el caso de Manolete.

Concluiremos diciendo que la fiesta de los toros representa una compleja transacción psicológica, resultado de compromisos entre los gustos sádicos de la afición y su cambiante sensibilidad a la crueldad y a la muerte. En la actualidad, si se contempla demasiada sangre, si se hace sufrir al animal “excesivamente” o si el hombre corre muchísimo peligro, se herirá la sensibilidad de una mayoría. Si, por el contrario, estos alicientes son escasos, desaparece el atractivo de la fiesta. Ésta constituye un marco único para la proyección de pulsiones instintuales y para la representación de simbolismos inconscientes, vehiculizado todo ello por medios altamente estéticos y tradicionalmente sancionados.

Autor: Cecilio Paniagua, Ars Médica, Revista de Humanidades, 2008

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The Best Fans In The World

Michael Jackson fans are a strange breed. One would be hard-pressed to find another fan community whose object of admiration is the subject of so much unnecessary condemnation.

Over time, Michael Jackson enthusiasts have watched their beloved’s seemingly global idolization transform into apparent worldwide mischaracterization and mistreatment by the press and public alike. Yet, through it all, true Michael Jackson fans have abandoned him not. If anything, the harder Michael’s opponents try to shove him to the depths of despair, the harder his devotees love him.

Michael’s fans have learned well the lesson, as they steadfastly brave the almost daily emotional roller-coaster ride that is a requisite experience of every Jackson supporter: they marvel at his seemingly inexhaustible talents and applaud his victories; they laugh with him in his happiness; weep with him in his sorrow and pray for him in troubled times. Their hearts are warmed when he is embraced, and bleed when he is ill-treated.

Despite the stratospheric highs and seemingly cavernous lows that come with being a Michael Jackson fan, they remain loyal. They, like Michael, refuse to allow naysayers to steal their joy, obstruct their way or shape their opinions. They also refuse to stand idly by as others attempt to deny Michael his rightfully earned legacy. Simply, Michael Jackson’s fans are just like Michael in that, they will not be deterred.

By nature of their calling, Michael’s fans are constantly summoned to put on the full armor, stand on the front lines and fight. Oftentimes with their pen as their sword, the fight alongside and for Michael’s right for humanity. By doing so, they fight for tolerance over prejudice, unconditional love over criticism; knowledge over ignorance, justice over inequality. The battles are never-ending, hard fought and oftentimes mentally and physically exhausting.

Still, rather than surrender or reconcile, Michaels’ fans resist. They resist the desire to abandon Michael when all seems lost. They forsake the notion that theirs is a lost cause. They refuse to throw in the towel and resign themselves to the path of least resistance; which so often involves renouncing their fan support of Michael.

When the going gets tough, with weary minds and heavy hearts, they press on. They press on through Michael’s tribulations and the attacks to which he is subjected. They press on in spite of tire. They press on despite of mockery and question as to why they bother to fight at all for Michael Jackson, a man some deem undeserving of their adoration.

As their efforts to break Jackson himself have continually proved unsuccessful, some Michael Jackson opponents have turned their focus to attempting to disband the fan community by attacking his defenders. Time after time, the press uses condescending, defamatory terms to describe Michael’s fans.

Being referred to as “delusional” and “wacko” is not foreign to Jackson’s supporters. However, Michael’s devotees choose to ignore the juvenile name-calling and taglines bestowed on them by the media. The fans refuse to allow the press to project its negative, inaccurate perception onto them. This is because Michael Jackson fans realize that such terms do not depict their true nature as intelligent, grounded individuals with a healthy admiration for Michael’s music, vision and humanitarianism among other things.

Interestingly enough Michael’s influence is global and thus, so is his fan base. His detractors are under the false impression that his fan base is minuscule. To the contrary, Michael Jackson enthusiasts are nothing but vast and multi-dimensional. They can be found on every continent, one every country worldwide. Michael’s fans transcend racial, age and socioeconomic boundaries.

The fact that Jackson’s fans are so diverse adds to their beauty. Few entertainers, if any, can lay claim to having the type of dynamic and varied fan base of which Michael Jackson can boast.

Simply, Michael Jackson’s fans are a hard act to outshine. Their loyalty, enthusiasm and genuine adoration of their idol is unparalleled by other artist’s fan communities.

However, for all their attributes, when it comes to one particular matter, Michael Jackson’s admiring fans will always be bested: For try as they might, no matter to what infinite degree they say and believe they love Michael Jackson; the King of Pop in true regal fashion, will always say and prove he loves them more…


El mundo según Casciari (transcripción)

Por Hernán Casciari

Leí una vez que la Argentina no es mejor ni peor que España, sólo más joven. Me gustó esa teoría y entonces inventé un truco para descubrir la edad de los países basándome en el “sistema perro”.

Desde chicos nos explicaron que para saber si un perro era joven o viejo había que multiplicar su edad biológica por 7. En el caso de los países hay que dividir su edad histórica entre 14 para saber su correspondencia humana.

¿Confuso? En este artículo pongo algunos ejemplos reveladores.

Argentina nació en 1816, por lo tanto ya tiene 190 años. Si lo dividimos entre 14, Argentina tiene “humanamente” alrededor de 13 años y medio, o sea, está en la edad del pavo. Es rebelde, pajera, no tiene memoria, contesta sin pensar y está llena de acné (será por eso que le dicen el granero del mundo?)

Casi todos los países de América Latina tienen la misma edad y, como pasa siempre en esos casos, forman pandillas. La pandilla del Mercosur son cuatro adolescentes que tienen un conjunto de rock. Ensayan en un garaje, hacen mucho ruido y jamás han sacado un disco.

Venezuela, que ya tiene tetitas, está a punto de unirse a ellos para hacer los coros. En realidad, como la mayoría de las chicas de su edad, quiere tener sexo, en este caso con Brasil, que tiene 14 años y el miembro grande.

México también es adolescente, pero con ascendente indígena. Por eso se ríe poco y no fuma ni un inofensivo porro, como el resto de sus amiguitos, sino que mastica peyote, y se junta con Estados Unidos, un retrasado mental de 17, que se dedica a atacar a los chicos hambrientos de 6 añitos en otros continentes.

En el otro extremo está la China milenaria. Si dividimos sus 1.200 años por 14 obtenemos una señora de 85, conservadora, con olor a pipí de gato, que se la pasa comiendo arroz porque no tiene -por ahora- para comprarse una dentadura postiza.

La China tiene un nieto de 8 años, Taiwán, que le hace la vida imposible. Está divorciada desde hace rato de Japón, un viejo cascarrabias, que se juntó con Filipinas, una jovencita pendeja, que siempre está dispuesta a cualquier aberración a cambio de dinero.

Después están los países que acaban de cumplir la mayoría de edad y salen a pasear en el BMW del padre. Por ejemplo, Australia y Canadá, típicos países que crecieron al amparo de papá Inglaterra y mamá Francia, con una educación estricta y concheta, y que ahora se hacen los locos.

Australia es una pendeja de poco más de 18 años, que hace topless y tiene sexo con Sudáfrica; mientras que Canadá es un chico gay emancipado, que en cualquier momento adopta al bebé Groenlandia para formar una de esas familias alternativas que están de moda.

Francia es una separada de 36 años, más puta que las gallinas, pero muy respetada en el ámbito profesional. Tiene un hijo de apenas 6 años: Mónaco, que va camino de ser puto o bailarín… o ambas cosas. Es amante esporádica de Alemania, camionero rico que está casado con Austria, que sabe que es cornuda, pero no le importa. Italia es viuda desde hace mucho tiempo.

Vive cuidando a San Marino y al Vaticano, dos hijos católicos idénticos a los mellizos de los Flanders. Estuvo casada en segundas nupcias con Alemania (duraron poco: tuvieron Suiza), pero ahora no quiere saber nada con los hombres. A Italia le gustaría ser una mujer como Bélgica: abogada, independiente, que usa pantalón y habla de política de tú a tú con los hombres (Bélgica también fantasea a veces con saber preparar spaghettis).

España es la mujer más linda de Europa (posiblemente Francia le haga sombra, pero pierde espontaneidad por usar tanto perfume). Anda mucho en tetas y va casi siempre borracha. Generalmente se deja follar por Inglaterra y después hace la denuncia. España tiene hijos por todas partes (casi todos de 13 años), que viven lejos. Los quiere mucho, pero le molesta que, cuando tienen hambre, pasen una temporada en su casa y le abran la nevera.

Otro que tiene hijos desperdigados es Inglaterra. Sale en barco por la noche, se culea pendejas y a los nueve meses aparece una isla nueva en alguna parte del mundo. Pero no se desentiende de ella. En general las islas viven con la madre, pero Inglaterra les da de comer. Escocia e Irlanda, los hermanos de Inglaterra que viven en el piso de arriba, se pasan la vida borrachos y ni siquiera saben jugar al fútbol. Son la vergüenza de la familia.

Suecia y Noruega son dos lesbianas de casi 40 años, que están buenas de cuerpo, a pesar de la edad, pero no le dan bola a nadie. Cogen y trabajan, pues son licenciadas en algo. A veces hacen trío con Holanda (cuando necesitan porro); otras, le histeriquean a Finlandia, que es un tipo medio andrógino de 30 años, que vive solo en un ático sin amueblar y se la pasa hablando por el móvil con Corea.

Corea (la del sur) vive pendiente de su hermana esquizoide. Son mellizas, pero la del norte tomó líquido amniótico cuando salió del útero y quedó estúpida. Se pasó la infancia usando pistolas y ahora, que vive sola, es capaz de cualquier cosa. Estados Unidos, el retrasadito de 17, la vigila mucho, no por miedo, sino porque le quiere quitar sus pistolas.

Israel es un intelectual de 62 años que tuvo una vida de mierda. Hace unos años, Alemania, el camionero, no le vio y se lo llevó por delante. Desde ese día Israel se puso como loco. Ahora, en vez de leer libros, se lo pasa en la terraza tirándole piedras a Palestina, que es una chica que está lavando la ropa en la casa de al lado.

Irán e Irak eran dos primos de 16 que robaban motos y vendían los repuestos, hasta que un día le robaron un repuesto a la motoneta de Estados Unidos y se les acabó el negocio. Ahora se están comiendo los mocos.

El mundo estaba bien así, hasta que un día Rusia se juntó (sin casarse) con la Perestroika y tuvieron como docena y media de hijos. Todos raros, algunos mongólicos, otros esquizofrénicos.

Hace una semana, y gracias a un despelote con tiros y muertos, los habitantes serios del mundo descubrimos que hay un país que se llama Kabardino-Balkaria. Un país con bandera, presidente, himno, flora, fauna…y hasta gente! A mí me da un poco de miedo que aparezcan países de corta edad, así, de repente. Que nos enteremos de costado y que, incluso, tengamos que poner cara de que ya sabíamos, para no quedar como ignorantes.

Y yo me pregunto: ¿Por qué siguen naciendo países, si los que hay todavía no funcionan?

Hernán Casciari nació en Mercedes (Buenos Aires), el 16 de marzo de 1971. Escritor y periodista argentino. Se le conoce por su trabajo ficcional en Internet, en donde ha trabajado en la unión entre literatura y weblog, destacado en la blogonovela. Su obra más conocida en la red, Weblog de una mujer gorda, ha sido editada en papel, con el título Más respeto, que soy tu madre.