El impulso del cerebro bilingüe: Dos lenguas, dos mentes

Hablar un segundo idioma puede cambiarlo todo, desde la resolución de problemas de habilidades hasta la personalidad, casi como si se tratara de dos personas.

Según algunos estudios, los recuerdos, valores, incluso la personalidad, cambian en función del idioma que se habla. Es casi como si un cerebro bilingüe fuese el hogar de dos mentes separadas. Todo lo cual pone de relieve el papel fundamental del lenguaje en el pensamiento humano. “El bilingüismo es como un microscopio extraordinario del cerebro humano”, dice la neurocientífica Laura Ann Petitto, de la Universidad de Gallaudet en Washington DC.

Además de dar a los bilingües una ventaja competitiiva en los ámbitos académicos y laborales, hablar un segundo idioma puede tener un efecto profundo en el comportamiento. Los neurocientíficos y psicólogos están empezando a aceptar que el lenguaje está profundamente entrelazado con el pensamiento y el razonamiento, llevando a algunos a preguntarse si las personas bilingües actúan de manera diferente, dependiendo de en qué idioma están hablando.

Susan Ervin-Tripp, ahora en la Universidad de California, Berkeley, encontró una manera objetiva de estudiar la cuestión en la década de 1960, cuando ella les pidió a unos bilingües japonés-inglés que completaran un conjunto de frases inacabadas en dos sesiones separadas, primero en un lenguaje y luego en el otro. Descubrió que sus voluntarios usaban regularmente terminaciones muy diferentes según el idioma empleado. Por ejemplo, dada la frase: “Los buenos amigos deberían …” usando el japonés respondían “… ayudarse unos a otros”; sin embargo, utilizando el inglés optaba por “… ser más francos”. En general, las respuestas parecían reflejar la forma en que los monolingües de ambos idiomas tienden a completar la tarea. Los hallazgos llevaron a Ervin-Tripp a sugerir que las personas bilingües utilizan dos canales mentales, uno para cada idioma, como dos mentes diferentes.

Su teoría parece encontrar apoyo en una serie de estudios recientes. David Luna, del Baruch College en Nueva York y sus colegas, por ejemplo, ha pedido recientemente a voluntarios bilingües de inglés-español que vean anuncios de televisión presentando a mujeres, primero en un idioma, y seis meses más tarde, en el otro, y después debían calificar las personalidades de cada personaje implicado. Cuando los voluntarios veían los anuncios en español, tendían a votar a las mujeres como independientes y extrovertidas, pero cuando lo veían en inglés describían a los mismos personajes tan inútiles y dependientes (Journal of Consumer Research, vol 35, p 279). Otro estudio descubrió que los bilingües de griego-inglés reportaron reacciones emocionales muy distintas a la misma historia en función de la lengua, ellos mismos encontraban “indiferente” al personaje en un idioma, sin embargo, lo sentían “preocupado” en el otro (Journal of Multilingual and Multicultural Development, vol 25, p 124).

Una posible explicación es que cada idioma trae a la mente los valores de la cultura que experimentamos mientras lo aprendemos, arguye Nairán Ramírez-Esparza, psicólogo de la Universidad de Washington, en Seattle. Recientemente, ella les pidió a unos mexicanos bilingües que calificaran su personalidad en unos cuestionarios en inglés y en español. La modestia es un valor más alto en México que en EE.UU., donde el respeto se gana por tu asertividad, y el lenguaje de las preguntas parecían disparar estas diferencias. Cuando era preguntado en español, cada voluntario era más humilde en su respuesta que cuando en preguntado en inglés.

Algunos de los interruptores de comportamiento puede estar íntimamente relacionado con el papel del lenguaje, como una especie de andamio que soporta y estructura nuestros recuerdos. Muchos estudios han encontrado que somos más propensos a recordar un objeto si se conoce su nombre, lo cual explica por qué tenemos tan pocos recuerdos de nuestra primera infancia. Existen incluso algunos indicios de que la gramática de una lengua puede dar forma a la memoria. Lera Boroditsky, en la universidad de Stanford, en California, ha descubierto hace poco que los hispanohablantes son peores a la hora de recordar que causó un accidente que los angloparlantes, quizá sea porque los hispanohablantes tienden a usar frases impersonales, como “el florero se rompió” donde no declaran la persona que hay detrás del caso (Psychonomic Bulletin Review, vol 18, p 150).

El resultado apunta a que los recuerdos de una persona bilingüe cambian dependiendo del idioma que se habla. En un brillante pero sencillo experimento, Marian y Margarita Kaushanskaya, entonces en la Universidad Northwestern, hicieron preguntas a bilingües de mandarín-inglés de conocimiento general, primero en un idioma y luego en otro. Por ejemplo, se les pidió que “nombraran una estatua de alguien de pié con un brazo levantado mientras mira en la distancia”. Hallaron que las personas eran más propensas a recordar la Estatua de la Libertad cuando se le preguntaba en inglés, y una estatua de Mao cuando se le preguntaba en mandarín (Psychonomic Bulletin & Review, p 14, vol 925). Lo mismo parece ocurrir cuando los bilingües evocan recuerdos personales, autobiográficos. “Así que los recuerdos de la infancia vienen más rápido y más a menudo, cuando se restablece el idioma”, señala Marian.

A pesar de los recientes progresos, los investigadores sólo pueden ver la punta del iceberg cuando se trata de los efectos del bilingüismo, y quedan muchas preguntas. La principal de ellas será la cuestión de si una persona monolingüe podría sacar provecho de estos beneficios. Si es así, ¿qué mejor incentivo para reforzar la enseñanza de idiomas en las escuelas, que precisamente está decayendo en Reino Unido y EE.UU.

Mucho se ha hablado de las dificultades de aprender un nuevo idioma de forma tardía en la vida, pero las evidencias hasta la fecha sugieren que el esfuerzo vale la pena. “Se puede aprender otro idioma a cualquier edad, aprenderlo con fluidez, y podrá comprobar los beneficios en su sistema cognitivo”, declara Marian. Bialystok está de acuerdo en que los aprendices tardíos de algún idioma obtienen su ventaja, aunque el aumento de rendimiento es generalmente menos pronunciado que en los hablantes bilingües. “Aprender un idioma a cualquier edad, no significa ser bilingüe, pero ayuda a permanecer mentalmente estimulado”, apunta. “Es una fuente de reserva cognitiva”.

– Referencia: NewScientist.com, 8 de mayo 2012 por Catherine de Lange
– Título original: ” Bilingual brain boost: Two tongues, two minds“
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